Experimento casero de los mensajes del agua

Si pensamos en el agua, pensamos en ese líquido elemento vital para nuestra vida, bebemos porque tenemos sed y es necesario (cada vez vamos conociendo más virtudes) ayuda a eliminar toxinas, grasa limpiar intestinos (caliente y con limón en ayunas).

Me fascina cuando el universo le da a una persona con la varita mágica y le data de una idea, de algo que va mas allá de lo que el resto de los mortales sólo vemos a primera vista.

Según mi forma de ver la vida, y con lo que yo alucino (cosas que nos hacen romper nuestro paradigma, nuestras creencias). El Doctor Emoto es una de esas personas iluminadas que investigan y averiguan cosas en la naturaleza, en la vida para el bien de la humanidad y mejorarla (no destruirla, que ya es bastante). Este científico le dio prioridad a estudiar el elemento más importante de la vida, el agua (recomiendo su libro “Mensajes del agua” y el documental del mismo nombre).

Cogió hasta 50 muestras de aguas diferentes y las congeló. Después de varias veces viendo cómo documentarlo, un fotógrafo consiguió retratar lo que el científico veía por por el microscopio. Sólo el agua más pura se había convertido en preciosos cristales.

Después pensó que todo en la naturaleza tiene una vibración y que somos entre un 70 y 75% de agua y decidió experimentar con cuatro vibraciones externas diferentes. ¿Qué tipo de vibración a través de experimentos con el agua puede mejorar o empeorar casi sin darnos cuenta nuestra vida?. Os cuento.

  1. Este primero es con un toque musical, y clásico, al agua antes de congelarla le puso a una Beethoven a otra Mozart y así varios autores más. Imaginaros la belleza de estructuras cristalinas que se formaron.
  2. El segundo con las palabras. Unas fueron etiquetadas en el bote con palabras bonitas y positivas como AMOR, ALEGRÍA y GRACIAS y otras con ERES IDIOTA, ODIO y GUERRA. Adivinad qué cristales surgieron más hermosos. Esto especialmente me impactó porque me obligó a reflexionar en cómo me habían hablado a mi desde mi infancia (palabras que marcan y nos hacen creer lo que no somos) y cómo yo lo hacia los demás en especial a mi hijo y a mis niños y niñas del centro. Autocrítica para mejorar en qué y cómo le digo a los demás. Un de verdad que eres tonto o no te enteras aunque sea en tono de humos daña mucho más de lo que nos creemos o al menos de lo que yo me creía. Si a un niño o niña estamos toda la vida diciéndole eres torpe, ¿Cómo va a acabar siendo?, ¿qué va a pensar de sí mismo o misma?.
  3. Una madre y un hijo con esta información y en pleno apogeo de los resultados de este científico, le mandó al instituto un experimento casero (yo acabo de empezarlo con mi hijo con una variante, uno etiquetado amor y otro odio, ya os contaré). Hirvieron arroz y dividieron la misma cantidad en dos botes a uno le insultaban y a otro cosas bonitas. Como es de esperar este último estaba blanco y olía bien y el primero tenía un terrible olor fétido y peor color.
  4. Por último la proyección de pensamientos y palabras, reunieron a 4 familias y cogieron agua del grifo de Tokio en dos muestras. En un principio el agua por sí misma no formaba cristales, pero después de orar y decir palabras bonitas al rededor de un bote, se formaron preciosos cristales que antes el agua ni tenía. Y con el otro le insultaban y decían palabras horribles e imaginaros qué salió, todo lo contario.

Llegué a conocer esta información por un curso de Ho oponopono que comentaba eso precisamente como las palabras y su vibración (tanto positiva como negativa) se quedan anclados en nuestro subconsciente y cómo pueden beneficiarnos o dañarnos sobremanera.

Aquí os dejo el enlace de dos libros para tener más información.

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Una noche hablando con un amigo le conté con mucha ilusión lo que para mí era un gran hallazgo y me dijo muy escéptico que eso era una trola y era imposible. Le invité a que viera el documental “Mensajes del agua” y que antes de informar se documentara e investigara. Me dijo que pasaba así que se me ocurrió un experimento casero.

Cogí dos botes de cristal llenos de la misma cantidad de agua y a uno le puse amor y a la otra odio. Para ver si en el tiempo notaba una diferencia. Los puse en el mismo sitio para que no hubiera diferencia ni trato de favor de una a la otra. Y acto seguido cogí dos plantas muy parecidas y en el mismo sitio para las dos, a una le puse amor y a la otra odio. Las regaba con la misma frecuencia y la misma cantidad. Al cabo de una semanas a la del amor empezó a ponerse amarilla (era completamente verde igual que la del amor), investigué cuál era el motivo de que un poto de verde pasara a manchas amarillas y era producido por un hongo, por un mal estado del agua, mal drenaje o exceso de agua (esto imposible porque a la otra le ponía la misma cantidad y no le pasó nada). ¿Casualidad? ¿O la planta del odio recibía muy mala vibración de esa terrible palabra?.

Hasta mi amigo escéptico se quedó alucinado con los resultados de este experimento casero, y que probablemente este señor Emoto tuviera razón.

Como a mi las cosas que me alucinan me gusta compartirlas, les conté a mis niños del centro y a un compañero con el cuál compartía turno ese día, lo que había pasado con la planta Amor y Odio. Como era de esperar se rieron y me dijeron que estaba un poco loca.

Le conté todo a mi pareja mucho más crédulo me dijo que claro que yo y el señor Emoto teníamos razón, y que él ya había hecho algo para demostrarlo y que yo podría hacerlo también.

Me explicó que aprovechara ya el agua que tenía etiquetada de Amor y Odio y cogiera dos vasos a uno le pusiera Amor y otro Odio y germinara con ese agua y entre algodones una legumbre, así vería cómo crece una y otra y sería 100% efectivo.

Esa misma tarde me llevé mi agua etiquetada, 4 vasos (dos de amor y dos de odio para dejarles agua y dos para germinar 6 garbanzos, uno por cabeza). Se lo expliqué y aceptaron el reto. A una le dijimos cosas bonitas, el amor, y en los siguientes días que le pusieran música clásica y siguieran diciéndole cosas bonita, además estaba en un sitio del hogar más tranquilo y con otras plantas y la del odio la insultamos y que le pusieran heavy metal y le dijeran cosas feas y estaba justo al lado de la televisión. Dejé a un niño encargado que siguiera echándole agua de su respectiva vibración. Imaginaros el resultado en unos pocos días.

Ahí van las fotos que lo demuestran.

Los garbanzos del amor germinaron todos y menos uno que se quedó sin cubrir bien por el algodón estaban todos blancos, olían bien y el algodón estaba blanco.

Los del odio olían mal, habían criado bichos, el algodón estaba amarillo y los garbanzos podridos y menos un poco uno todos sin germinar.

Me tuvieron que reconocer, hasta los compañeros y niños más escépticos que tenía razón y el poder de la palabra es infinito, y que influía mucho más de lo que se pudieran imaginar.

Mi aprendizaje, como un poco más arriba he comentado, es que a partir de ese momento cada vez que me dirijo a alguien, sobre todo a mi hijo y a mis niños me cuido las palabras. Evito, “culpa”, “tu eres”, “lento” “irresponsable” o un “no te enteras”, y un largo etc. Hago balance al final del día y sigo aún diciendo cosas negativas más que positivas (estamos programados para eso).

Hablemos sin etiquetas, hablemos con mucho más amor, con mucho más cariño a los demás y a nosotros/as mismos/as.

Si no me creen hagan la prueba por sí mismos.

 

 

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Cuidado y Bienestar

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