RECORDAR SIEMPRE LO MAS IMPORTANTE

Cuando mi hijo tenía unos dos años, saltaron las alarmas en la familia y en el colegio ya que mi hijo no se comunicaba de ninguna forma, en la guardería no hablaba, no entendía las indicaciones básicas de la profesora y como mucho se expresaba mirando a la pared y lloraba. Por no hablar del drama de la comida…

Un familiar médico nos dijo que sin duda Marcos era como mínimo asperger y que teníamos que actuar de inmediato. El mundo se te pone del revés y yo ese sufrimiento, miedo y angustia no se lo deseo a nadie, pero no nos paramos y movilizamos la terrible cadena burocrática y administrativa para que lo atendieran. Así que le dieron una plaza en atención temprana y después de varios tests absurdos y descontextualizados lo diagnosticaron (todo el mundo en el sistema tiene que tener una etiqueta) de un TEL, Trastorno Específico del Lenguaje. Un cajón desastre……

Iba a su intervención y paso a paso se ponía cada vez menos malo, comía mejor y así fue mejorando en el lenguaje, en lo cognitivo, en lo motor y en lo social.

Ahora es un hombrecito de 11 años maravilloso, sano, deportista, lindo, simpático, sociable y guapísimo (bueno yo que voy a decir que soy su madre, pero es que es verdad) y con una imaginación que hace soñar a cualquiera.

Cuando él tenía en torno a unos 3 o 4 años estábamos su padre y yo aún casados, en una terraza de una cafetería del centro de Sevilla en frente de lo que llamamos las setas, en la Encarnación. Y allí habían hecho unas montañas de cemento no muy grandes que terminaban con una luz para iluminar la plaza y sus edificios. En aquella época los dibujitos que estaban de moda para la edad de Marcos era Dora la exploradora, y entonces mi hijo quería jugar a subirse a la montaña, tirarse, etc. Yo miré alrededor y vi que no había cristales ni nada con lo que se pinchara así que le di total y absoluta carta blanca (jugando normalmente es lo que hago no soy la madre extrema ¡no te manches¡ ¡no te vayas a caer¡ ¡no te muevas¡ ¡estate quieto¡).

A los minutos de estar mi hijo jugando llegó un matrimonio muy arreglado con un niño andando más o menos de la edad de Marcos y con un bebé en un carrito. Pararon en frente de esta montaña y ese niño lógicamente quería jugar y empezó a subirse a la montaña y a interactuar con el aventurero. En menos de un minuto los padres empezaron a increpar al niño que no se manchara y que se estuviera quieto que se iba a hacer daño, y que además tenían prisa. Así que a regañadientes se lo llevaron, con gran dolor del niño, y regalándome una mirada desagradable de ¡mala madre¡ ¿cómo permites que tu hijo se tire al suelo y juegue?.

Se marcharon y mi hijo seguía con su imaginación jugando y pasándoselo pipa, ¡mochila, mochila¡.

Al rato, y no creo que fuera casualidad ya que todo ocurre por algún motivo, apareció otra pareja pero esta vez el niño era bastante mayor, creo unos 13 años pero en esta ocasión era un chico tetrapléjico en una silla de ruedas. Y como sus padres reconocen a la perfección sus sonidos se pararon delante de la montaña mágica de Dora porque le estaba encantando lo que hacía mi hijo.

Al percatarme que esta familia se paró me acerqué y empecé a conversar con la familia y con el niño, entre Marcos y yo averiguamos lo que más gracia le hacía y lo repetía constantemente. Después para que el chico se sintiera más a gusto nos acercamos y le hablamos de cerca, le tocamos la cara las manos y los padres nos lo agradecieron con caras felices. Llegó hasta tal punto la euforia que el padre lo desató de la silla, lo cogió en brazos, tal cual bebé y simulaba como si él se estuviera tirando por la montaña y Marcos ya sólo estaba pendiente de hacerle partícipe de su fantasía. Y el niño emitía sonidos de alegría. Cuando ya los riñones del padre no podían aguantar más lo puso de nuevo en su silla, nos abrazamos y nos despedimos. Esa madre nos dio las gracias, no entendí, gracias porqué, gracias a vosotros por este maravilloso, precioso y humano encuentro, la lección la aprendía yo.

¿Qué le diríais a la primera familia?

Lo mismo que yo me he dicho a mi misma muchas veces (yo también he sido como la primera familia). Lo más importante es la salud y el bienestar, recordando lo absurdo de nuestro hacer en el día a día. Vamos estresados casi siempre como pollo sin cabeza, el trabajo, la casa, deudas y preocupaciones y no sabemos parar. Volver a sentir y jugar con la naturalidad que lo hacen los niños. Pararnos a observarnos por dentro y observar nuestro entorno más cercano, familia e hijos. Disfrutando de lo que a ellos más les gusta, divertirse.

Lo digo con conocimiento de causa porque he estado mucho tiempo enfadada con el mundo y me olvidé respirar, sentir, disfrutar, ilusionarme, pararme y cuidarme.

Menos mal que la vida me puso en el buen camino y reaccioné y ahora mi equilibrio, armonía y bienestar lo mimo como a un hijo, es una de las cosas que me hace feliz… y eso hay que trabajarlo.


Si te has decidido por cuidar  tu salud y tu bienestar, encuentra en Free Style Life consejos que podrán servirte de guía en tu nuevo propósito de estilo de vida sana. 

Cuidado y Bienestar

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