¿Porqué es importante la higiene personal?

Para responder a esa pregunta primero voy a explicar qué es y en qué consiste.

Podemos entender la higiene personal como el proceso que hace que una persona cuide su salud, su aspecto, su limpieza para evitar contraer enfermedades o virus, para limpiar la suciedad para conducirse de manera sana en la sociedad en la que vive. La higiene es un complejo sistema de acciones más o menos simples que cada individuo debe llevar a cabo por su cuenta, es decir que la higiene no es responsabilidad del Estado o de los profesionales (como si lo puede ser mantener una epidemia controlada) sino que es pura y exclusivamente una responsabilidad de la persona.

Los hábitos de higiene se ganan desde chicos y es ahí muy importante el rol de los padres o de las autoridades competentes que tienen que enseñar a los chicos las formas de actuar ante determinadas situaciones, por ejemplo lavarse las manos antes de comer, al salir del WC, cepillarse los dientes después de las comidas, etc. Se ha comprobado a lo largo del tiempo que estas pequeñas acciones que caracterizan a la higiene diaria y personal de cada individuo son en suma, importante para asegurar a la persona un buen estado de salud, evitando estar en contacto con virus o bacterias limitando la exposición a enfermedades y manteniendo en términos generales un buen estado de pulcritud del cuerpo.

Esto no es nuevo de esta era, a lo largo de la historia diferentes civilizaciones y según sus conocimientos realizaban ciertas prácticas higiénicas, por ejemplo…

La mayoría de los griegos adoraban el baño les gustaban andar desnudos (gymnasium proviene del griego gymnos, que significa desnudez por tanto significa lugar desnudo) y hacer ejercicio hasta sudar de forma saludable y tener la costumbre de finalizar sus tareas diarias con un baño comunal.

Las mujeres se esforzaban mucho en conseguir una piel limpia, nutrida y perfumada. Para el rostro usaban una mascarilla que actuaba por la noche y la retiraban por la mañana con la leche. El resto del cuerpo lo sometían a una especie de peeling, embadurnándose primero en aceite de oliva y pasándose una piedra pómez o aplicando carbonato cálcico.

Los baños se inician en Roma. Hasta entonces nadie se había bañado jamás con tanta devoción como los romanos.

El paso por las termas se convirtió en una exigencia diaria que regulaba el ritmo vital de las jornadas vespertinas. Sobre las cinco de la tarde todos los romanos, hombres y mujeres de todas las clases sociales (eran gratis o subvencionadas) abandonaban sus quehaceres y acudían al unísono hacia las magníficas y esplendorosas estancias reservadas para la higiene el placer del cuerpo y el espíritu.

A las letrinas los romanos eran especialmente aficionados a combinar evacuación con conversación. Tenían 20 o más asientos dispuestos en íntima proximidad y la gente lo utilizaba con total desinhibición. Además disponían de una corriente interna de agua que mantenían el lugar drenado de residuos y malos olores.

Lo hacían por el puro placer, no por evitar enfermedades infecciosas ya que no tenían conocimiento de ello.

Por último y para cerrar esta etapa histórica, los romanos se lavaban los dientes con orín, sé que para nosotros ahora es algo asqueroso pero es un gran blanqueante y desinfectante por su contenido en amoniaco.

En la Edad Media la limpieza atrajo la atención de escritos, médicos y la iglesia. Sabían que prevenían enfermedades, pero también lo relacionaban con la prostitución, la violencia y los excesos. Los eclesiásticos se volvieron enemigos incansables de esta práctica que sólo recomendaban a los enfermos.

Incluso en las mejores casas, los suelos eran normalmente de tierra cubierta con cañas encubriendo, escupitajos, vómitos y orín. Así de vez en cuando ponían capas de caña por eso el suelo era un nidal enorme de insectos y roedores, la incubadora perfecta de la peste.

Así se obligó a la gente a replantearse lo de la higiene pero ciertas mentes privilegiadas decían que los poros se abrían con el baño y provocaban vapores mortales. Y no tuvieron otra mejor idea que tapar los poros con la mugre para que no salieran. Por eso las epidemias e infecciones estaban al orden del día.

En el Siglo XVII se usaban los patios de las casas con desagües, esquinas o zonas donde había cualquier cauce. En los pocos baños públicos que había vertían sus deshechos en fosas o pozos negros, a veces junto al agua potable, por lo tanto lo que hacía era propagar las enfermedades.

Todo se reciclaba, había gente dedicada a recoger los excrementos de estos pozos para venderlo como estiércol. Los tintoreros guardaban en grandes tinajas la orina que después usaban para lavar los pies y blanquear telas. Los huesos se trituraban y servían de abono.

Sólo se limpiaban las vías principales por donde pasaban los peregrinos y los carromatos. Las autoridades contrataban a criadores de cerdo para que estos como buenos omnívoros hicieran desaparecer los restos de los mercados y plazas públicas o esperaban a las lluvias que hacían limpieza de sus calles de forma natural.

Tampoco en España destacábamos por la higiene y limpieza ya que era costumbre de los vecinos arrojar a la calle por puertas y ventanas las aguas inmundas y fecales así como los desperdicios y basuras de ahí la expresión ¡Agua va!.

Siglo XVIII, en 1701 Sir John Flayer argumentó a favor de los baños fríos como cura de un montón de enfermedades. Al sumergirnos en agua fría se producía una sensación de “temor y sorpresa” que tonificaba los sentidos embotados y fatigados.

La mayoría combatían la suciedad y el olor camuflándolos con cosméticos y perfumes o simplemente ignorándolos.

Hasta que de repente se puso de moda el agua, por una supuesta recuperación de la reina Ana (Inglaterra) de la gota, en un balneario. Así que la construcción de estos lugares proliferó y se crearon ciudades balnearios como Harragate, Chelteham. Las ciudades costeras reivindicaban que el agua del mar era la que de verdad era curativa.

Tanto mal hábito tantos siglos de historia no podía durar mucho más tiempo ya que o desaparecía o se iba a arruinar la civilización occidental. Así que llegaron grandes avances científicos y las ideas ilustradas del siglo XVIII para dar un giro a la vida de los europeos.

Poco a poco se fueron instalando letrinas colectivas en las casas y se prohibió desechar los excrementos por la ventana (todavía hay carteles en las vías públicas españolas con las sanciones), al tiempo que se aconsejaban a los habitantes de las ciudades que arrojaran la basura a los espacios asignados para ello.

El sueco Karl Wilhehm Scheele descubrió el cloro, combinado con agua blanqueaba los objetos y con sodio era un potente desinfectante. Así nació la lavandina, en ese momento un gran paso para la humanidad.

Siglo XIX Jeferson hizo instalar en 1801 tres de los modernos inodoros con cisterna del mundo estas estaban en la azotea y recogían el agua de la lluvia.

El reverendo Henry Mole, un vicario de Dorset inventó el inodoro de tierra a mediados del siglo XIX. Era una silla con un orinal que incorporaba un depósito de almacenamiento lleno de tierra que al tirar de una manivela liberaba una dosis calculada de tierra en el receptáculo camuflando con ello el olor y la visión de los restos allí depositados. Fueron rápidamente sustituidas por las de agua (que con un pequeño torrente de agua se llevaban todo).

Gran parte de estos desechos iban a parar al Támesis con la esperanza que la marea los arrastrara mas adentro. Pero se mueven en ambas direcciones y la marea que se llevaba los desperdicios en gran parte lo retornaban.

Las epidemias asesinas eran habituales en el mundo escasamente higienizado previo a la aparición de los antibióticos. En 1832 el cólera acabó con la vida de 60000 británicos. En 1837 y 1838 hubo una devastadora epidemia de gripe y en los años 1848, 1854 y 1867 brotes de cólera.

Además se sumaron brotes mortales de fiebres tifoideas, fiebres reumatoides, escarlatina, difteria y viruela.

En América la situación era diferente, allí sorprendentemente no había tantas epidemias ni eran tan graves. El motivo es que no sólo eran melindrosos en sus costumbres sino que también favorecía que las ciudades fueran mucho más grandes y amplias esto implicaba menos probabilidad de contaminación e infecciones.

Lo que sí iban mucho más adelantados era en cuartos de baño privados, impulsado por los hoteles. El primer hotel del mundo que ofreció baño privado en cada habitación fue el Mount Vernan Hotel, en Cape May, Nueva Jersey.

En Europa eran más reacios, sobre todo los ricos ya que pensaban que eso era sólo para los criados. Por fin llegaron grandes soluciones de logística e infraestructura (y cambio de mentalidad) el desarrollo del urbanismo permitió la creación de mecanismos para eliminar las aguas residuales en todas las nuevas construcciones. Ya las tuberías y retretes se extendían por toda Europa y se hacían las primeras exposiciones y conferencias sobre higiene. A medida que se descubrían nuevas bacterias y su papel clave en las infecciones se asumía que era posible protegerse de ellas con medidas tan simples como lavarse las manos con agua y jabón.

En 1847 el médico húngaro Ignacio Semmelwies determino el origen de la fiebre puerperal, después del parto y comprobó que las medidas de higiene reducían la mortalidad. En 1869 el escocés Joseph Lister usó por primera vez la antisepsia en cirugía. Ya ningún medico se atrevió a decir que era malo bañarse, ni la iglesia……

Siglo XX, hasta 1910 las bañeras se convirtieron en un objeto duradero y atractivo, al principio eran muy caros pero en 1940 ya un norteamericano vendía el baño completo por 70 dólares, mucho más asequible.

Y ya hasta la actualidad……que le dedicaré otro espacio para hablar en profundidad de la importancia de este tema.

Para pensar….

Cuando hablo sobre un tema me gusta conocer su historia, ya que si no sabemos de donde venimos no sabemos a donde vamos. Pero no sé si es nuestro egocentrismo occidental que solo lo que nos ocurre a nosotros y a nuestro alrededor es la verdad absoluta y ni si quiera en el colegio nos enseñan otras historias de otros países u otras culturas (a lo sumo grandes guerras o invasiones). Por lo que concluyo cuando ves mas allá de lo que te han enseñado que tenemos una gran carencia cultural y de conocimientos de otras artes del mundo muchísimo más avanzada que nosotros, tanto que nos sorprendería. Cosas que hemos tardado 2000 años en averiguar ya otros sabían hace miles de años, pero eso ya es otra historia……

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Cuidado y Bienestar

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