Minimalismo un nuevo estilo de vida

Cuando hace unas semanas vi en netflix un documental sobre esta corriente, no sólo me fascinó como una cosa tan sencilla puede generar tanto impacto positivo en la sociedad sino también me sentí muy identificada con los protagonistas Ryan Nicodemus y Joshua Fields Milburn, por su mentalidad, no por sus historias personales, porque yo sin saberlo me he dado cuenta que soy minimalista desde hace años. Antes voy a explicar qué significa y en qué consiste.

Minimalismo como concepto es la tendencia a reducir a lo esencial, a despojar de elementos sobrantes. “Menos es más”.

Como estilo de vida, actualmente hay una corriente o movimiento de minimalistas, propulsado por los estadounidenses que he nombrado antes, que están cogiendo más presencia por dos documentales que rodaron hace ya unos años y están disponibles en esa plataforma digital. Los recomiendo encarecidamente, aprendes tanto….yo voy a esbozar unas conclusiones para que la persona que no sepa de qué hablo vaya entendiendo.

  • Es una filosofía que ayuda a eliminar aquello que no aporta nada día a día y que permite focalizar en lo que importa, motiva o apasiona.
  • Vivir con poco, tener más libertad, no estar ligado a infinidad de cosas materiales.
  • No gastar dinero en cosas que no necesitas, que no son importantes, que no aportan nada.
  • Evaluar si de verdad “necesito algo” o es algo impulsivo.
  • Optimizar y ser más eficientes en los procesos personales y profesionales.
  • Mantener orden físico y mental.
  • Soltar lastre emocional, acumular recuerdos solo impide avanzar, evolucionar. Para tener nuevas experiencias hay que liberar, soltar las viejas.
  • La publicidad y la tecnología ¿cubren nuestras necesidades o nos las producen?.

Os cuento…

Cuando mi hermana y yo estábamos en plena adolescencia mi madre en verano nos puso como responsabilidad limpiar los Lunes, Miércoles y Viernes el piso entre las dos (a mi hermano no) y yo elegí el salón al pensar, pobre de mi, que era una sola dependencia y tardaría menos.

Cuando me puse manos a la obra en esa especie de museo palacio (como lo llamaba mi abuela paterna) a limpiar decenas de cuadros y marcos de foto, literal no exagero, alfombras como si fuera el Buckingham Palace, con más libros que en la mismísima biblioteca de Alejandría y varios jarrones de origen persa, chino o japonés además de los indescriptibles caballos de madera que por proximidad al Puerto imagino serían de Jerez.

Sin olvidar cuatro vitrinas enormes y pesadas y una mesa enorme de comedor.

El caso es que era una tortura tantos objetos, muebles y alfombras. Siempre me intentaba escaquear de algo pero mi madre en la revisión no se le escapaba una y me hacía darle donde ni si quiera había tocado.

Como todo en la vida esto tiene su aprendizaje, ahora con el paso del tiempo soy más consciente, por un lado lo machista de la situación ya que mi hermano no hacía nada (lo cuál yo reivindicaba sin resultado alguno) y eso me enseñó a darme cuenta de lo importante que ese valor tiene para nuestra sociedad, a mi hijo, a los niños y a las niñas de mi centro, es algo que propago a los cuatro vientos e incluso les cuento esta anécdota de ejemplo.

Por otro aprendí a ser responsable al ponerme unas obligaciones con unos horarios y esto me enseñó algo de disciplina y valorar el trabajo de ama de casa tan poco reconocido entonces, y por desgracia aún.

Y por último y lo que estoy llevando más en serio, a raja tabla, desde siempre a no tener cosas inútiles en mi vida y si las tuviera a saber desprenderme de eso, ya que restan mucha energía y no sirve para nada, no me aportan nada. Los recuerdos están en la mente y en el corazón no en los objetos.

En esta época se suponía que como buena adolescente (patrón social estipulado) me debería encantar ir de compras, igual que a mis amigas, y tener mucha ropa y de marca. A mí eso no me gustaba nada, a mi madre sí, y era ella la que siempre me insistía en comprar, comprar y comprar.

Algún salto de generación di en mi familia que creo me parezco más a algún tatarabuelo que a mis padres. Ya que ellos eran contrarios completamente a mi o yo a ellos según se mire. Tanto llegaba la obsesión sobre todo de mi madre de guardar cosas (vivió siempre muy anclada en el pasado), que estuvo mucho tiempo en un armario ocupando un espacio absurdo una máquina de escribir eléctrica que nos compró su padre, hizo el uso que le correspondió y ya era para tirar, pues allí estuvo diría yo que años y como eso un ordenador antiguo inservible.

Yo discutía hasta la saciedad para que entrara en razón que eso era lo más inútil del mundo pero ella era más terca que yo. Un día lo cogí todo y lo llevé al reciclaje. Fue liberador. Mis recuerdos hacia mi abuelo no eran un ordenador y una máquina de escribir sino experiencias, emociones y cosas que me enseñó, él mismo, no lo que compró.

Cuando accedía a ir de compras siempre me fijaba en lo más barato de marcas desconocidas y si estaba en un mercadillo mucho mejor. Imaginaros cuando me fui a Sevilla a vivir y conocí tiendas de segunda mano, me flipó.

Siempre he creído que las ropas usadas tienen más vida, experiencias, más energía y así ayudo al medioambiente (reciclar), a la ONG de la tienda de segunda mano y a mi economía.

Así que yo cada vez que podía por alguna mudanza o por cambio de ropa estival me deshacía de todo lo que me daba cuenta que hacía mucho que no me ponía y si entraba algo nuevo salía algo antiguo.

Una limpieza,  casi una catársis, la hice con ayuda de unas amigas que literalmente me tiraron a la basura cosas reventadas y yo ni me había dado cuenta de cómo estaban, fue al poco de separarme, estaba fatal y mi armario (en general la casa como lo narro en el artículo “Mindfulness casero”) ya ni te cuento, todo triste, oscuro antiguo y estropeado. Así que di lo que pude y tiré el resto, y me renové. Esa satisfacción duró unos días, mi malestar interior volvió, seguí trabajándome el interior, pero es verdad que me sirvió para empezar, tirar lo viejo comprar menos de lo que tenía y necesitaba y sobre todo más alegre.

En la última mudanza me deshice de mucho, todos mis enseres están en un armario-vestidor que está ocupado menos de tres cuartas partes, todo ordenado y un solo mueble de tres cajones en el salón donde aún guardo algunos recuerdos y adornos (pero creo pronto va a desaparecer) y las macetas que me dan la vida, nada más.

Aprendí a simplificar mi vida, sencillez, da muy poco trabajo así la casa y lo más importante soltar lastre. Cada vez que doy cosas es muy liberador, engancha.

En mi caso yo compraba mucha comida, como si fuera el fin del mundo, compras enormes y con muchas porquerías e insanas para mi salud. Y engordaba, después tiraba la mitad porque no me daba tiempo consumirlas o me caducaba. Con la ropa no tanto pero también he vendido o dado cosas sin usar o con la etiqueta colgando.

Ahora sé que ese consumismo exacerbado era un reflejo muy lamentable de las emociones que en ese momento estaban ancladas en mi vida como insatisfacción, infelicidad, miedo, falta de autoestima, soledad, inmadurez emocional, inseguridades, ganas de huir de responsabilidades o de la realidad de la vida propia.

En el acto de comprar hay un proceso químico que hace que se cree una pequeña o gran adicción, por lo menos un hábito. La Doctora Marina Salgado del Hospital Quirónsalud Valencia explica que pasa en nuestro cerebro cuando compramos y cómo se pone en marcha el denominado circuito de recompensa que logra que nos sintamos bien cuando alcanzamos un objetivo.

“ La dopamina también llamada hormona del placer, es la hormona que activa todo el circuito de recompensa y hace que tengamos esa necesidad de comprar. Esto a su vez activa la serotonina que es la hormona encargada de hacernos felices cuando finalizamos el proceso”.

Sucede lo mismo cuando miramos el móvil, se crea el mismo sistema de recompensa, hasta tal punto que un estudio de Nokia revela que vemos unas 150 veces a día el móvil.

Esto era justo lo que yo hacía, era muy infeliz y me acostumbré a esas compras exageradas para aunque fuera sentir un poquito de felicidad y satisfacción.

Yo ya una vez que identifiqué estas emociones, aprendí a gestionarlas comenzó mi proceso más intenso hacia el minimalismo, en un precioso e intenso desarrollo personal. Empecé por la comida, ya la organizo por menús diarios, busco recetas con los restos que tengo o me invento algo para no tirar comida, y no compro nada hasta que no he terminado lo que tenía.

Después el orden en la casa y en mi habitación y los objetos, la ropa del armario, muchos recuerdos que he tirado y no me da ninguna pena de lo que me acuerdo es porque es un buen recuerdo, positivo sino casi seguro será mejor tenerlo en el olvido. Limpieza (mucho más fácil que en el “palacio”) Y sigo en el camino…. Cada vez más libre, cada vez con menos lastre y centrándome en lo que de verdad me importa, yo, mi hijo, mi pareja, mi famiilia, amigos y disfrutar a tope de la vida.

Una de las cosas que me ayudaron a ver las cosas con perspectiva fue cuando en Diciembre de 2019 me fui a México 19 días, en ese momento no estaba nada bollante de dinero y el vuelo costaba lo suyo así que elegí maleta de cabina (me ahorraba un pastizal) y pensé ya veré como meto todo. Pues entró y muy bien por cierto, y no me faltó en ningún momento nada, y fue un viaje intenso que estuve por diferentes regiones, ciudades, climas, naturaleza, ciudad… y fue genial darme cuenta lo bien vestida que iba con esas pocas prendas.

Voy a contar lo que yo hago en el día a día ……

  • Dosifico los productos de limpieza, antes gastaba muchísmo con la sensación de que si echaba más estaría más limpio. Además son ecológicos así que contribuyo al medio ambiente. Mi próximo objetivo es hacerlos yo casero.
  • Los productos de higiene son también ecológicos, naturales y en concreto crema de cara, pasta dental y champú son hechos por una amiga que recicla los envases, si tengo un envase se lo doy. Y lo demás es sólido con su idea de gastar la menos agua posible en su fabricación. Idea que me pareció maravillosa.
  • El papel higiénico y toallitas también tomo conciencia de no gastar, solo según necesidades, y no tirarlas al WC tengo una papelerita.
  • Ya no me tiño el pelo, lo hacía con un tinte muy fuerte con amoníaco porque tengo muchas canas. Ha sido lo más liberador que he hecho en mi vida, aceptarme como soy, ver quien soy y no me contamino ni a mi ni al medio ambiente.
  • Como ya he dicho antes la comida la controlo más, compro por semanas organizados por menús diarios, cocino para ahorrar energía de una vez y congelo cuando lo permite la comida.
  • Ya no me pinto la cara, doné mis pinturas a mi centro, me he quedado con lo mínimo de lo mínimo, apenas un neceser, así me siento más auténtica, más yo, más libre.
  • Pongo todo en taper o botes de cristal que reciclo, para no gastar papel transparente ni de aluminio que es muy contaminante, ya he dejado de consumirlo.
  • Reciclo en casa todo lo que se puede reciclar, plástico, cristal, envases.
  • Organizo bien mi tiempo, priorizo, hay cosas que ya no pongo delante mía ni de mi bienestar.
  • No compro objetos innecesarios, ni ropa innecesaria y si algo entra es porque algo ha salido y siempre en tiendas de segunda mano.
  • Uso bolsas rígidas en el super para no comprar más plástico.
  • Las bolsas de la frutería de los super le doy siempre varios usos.
  • Aprovecho las placas solares de mi piso para calentar el agua, hay vecinos que gastan gas y luz.
  • Para aprovechar mi tiempo apunto todo en una agenda y así aprovecho mucho más el día.

No soy solamente yo, mi hijo va por el mismo camino y mi pareja también. He visto con ellos los documentales y las reacciones han sido muy positivas.

Ya un hombre maduro se puede esperar buena reacción. Pero la de mi hijo, para su edad… 12 años (nacido en plena era tecnológica y consumista) fue increíble las reflexiones y conclusiones que sacó de las cosas que son de verdad importante, me emocioné al escucharlo hablar, estuvimos un buen rato con este tema, y el aporta muchas ideas, es un fenómeno.

Su padre y yo hemos hecho un buen trabajo.

Ojalá os haya gustado este tema y el artículo, y para terminar voy a dejaros unas preguntas para pensar…. Y si queréis compartirme encantada de leeros, hay varias vias de comunicación en la web, elige la que quieras.

¿Cómo podría mejorar tu vida con menos?

¿Crees que usas todo lo que compras?

¿Qué objetos tienes en tu trastero?

¿Porqué compramos cosas inútiles justificando que nos las merecemos?

¿Cuánto espacio usas de la casa y cuánto espacio ocupan tus cosas?

¿Crees que compras libremente?

¿Qué es para ti prioritario la calidad o la cantidad?

¿El poseer más cosas te satisface a largo plazo?

Aquí dejo un collage de cómo ha quedado mi armario. Ahí están todas mis pertenencias de todas las temporadas incluido menaje del hogar.

  

Si te has decidido por cuidar  tu salud y tu bienestar, encuentra en Free Style Life consejos que podrán servirte de guía en tu nuevo propósito de estilo de vida sana. 

Cuidado y Bienestar

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